Somos creación de Dios para el bien

Somos una familia, un pueblo donde Jesucristo es nuestro líder y nos movemos en el poder de su Espíritu para ejecutar buenas obras para la gloria de Dios.

Comenzar un año nuevo es como tener un libro con 365 páginas en blanco. Recuerdo en mi época de niño en la escuela primaria que disponer de un cuaderno en blanco era algo que me motivaba mucho, me creaba expectativas nuevas… De igual manera, cuando nos paramos hoy frente a un nuevo ciclo de nuestras vidas, tenemos nuevas expectativas, un abanico de posibilidades.

Pero también otras veces puede ser que las circunstancias que nos rodean puedan hacernos sentir que estamos solos o sin rumbo.
Pero debemos recordar que siempre tenemos la posibilidad y hoy es ese día perfecto para comenzar un nuevo tiempo de la mano de nuestro Creador. No importa cuán lejos hayamos sentido que estábamos; la verdad de Dios es más grande que cualquier situación que estemos atravesando y tiene un propósito único para nuestras vidas.

La Palabra de Dios, la Biblia, nos enseña que hubo un tiempo en el que muchos vivían en este mundo sin Dios y sin ninguna esperanza. Sin embargo, ese tiempo ha quedado atrás; ahora, aunque antes estuviéramos lejos, hemos sido acercados a Él. Esta cercanía no depende de la suerte, de lo que hayamos hecho o de lo que vemos a nuestro alrededor, sino de que estamos unidos a Jesucristo por medio de su sacrificio en la cruz.
Para creerle a Dios en este nuevo comienzo, debemos recordar que nuestra salvación no es algo que hayamos ganado con esfuerzo propio, sino que es el resultado de haber aceptado su inmenso amor. Es un regalo gratuito de Dios, por lo que nadie puede sentirse orgulloso de sus propios méritos. Al entender que es Su gracia la que nos sostiene, podemos dejar de mirar nuestras limitaciones y empezar a mirar Su poder.
Nuestra identidad es clara: somos creación de Dios. Por nuestra unión con Jesucristo, Él nos ha diseñado específicamente para que vivamos haciendo el bien. Lo más hermoso es que estas buenas obras no son una casualidad, sino algo que Dios ya había planeado cuidadosamente desde mucho antes.
Al caminar en este propósito, dejamos de ser extranjeros o personas ajenas a Sus promesas. Ahora formamos parte de su pueblo, somo ciudadanos de Su Reino y tenemos todos los derechos que eso implica y, sobre todo, somos parte de la familia de Dios. ¡Que privilegio!
Nuestro objetivo como familia y como pueblo es movernos bajo el liderazgo de Jesucristo12. Somos como un gran edificio en construcción, fundamentado sobre las enseñanzas de los apóstoles y profetas, donde Jesucristo mismo es la piedra principal que lo mantiene todo unido y firme.
En este edificio:
• Cristo nos hace crecer para formar un pueblo dedicado al Señor.
• Formamos parte de una counidad donde Dios habita a través de su Espíritu.
• Y nos movemos en el poder de ese mismo Espíritu para realizar las obras que le darán la gloria El.
Hoy podemos vivir este nuevo tiempo con la certeza de que no caminamos solos. Somos discípulos de Jesucristo, llamados a reflejar Su luz y Su amor para hacer nuevos discípulos en cada paso de nuestro diario vivir. Somos una gran comunidad compartiendo con otros la esperanza del Evangelio del Reino de Dios, que ahora inunda nuestro corazón.
¡Somos creación de Dios para el bien! ¡Vivalos así para Su gloria!

Daniel Diaz

Referencias:
Reflexión al comenzar el año 2026, sobre el capítulo 2 del libro de Efesios:
Aquí los versículos claves:
Antes… “Vivían en este mundo sin Dios y sin esperanza. Pero ahora ustedes, que estaban lejos de Dios, ya han sido acercados a él, pues están unidos a Jesucristo por medio de su muerte en la cruz.” Ef. 2:12-13
“Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.” Ef. 2:8-9
“Ahora recordemos que nosotros somos creación de Dios. Por nuestra unión con Jesucristo, nos creó para que vivamos haciendo el bien, lo cual Dios ya había planeado desde antes.”
Ef. 2:10
“ Por eso, ante Dios ustedes ya no son extranjeros. Al contrario, ahora forman parte de su pueblo y tienen todos los derechos; ahora son de la familia de Dios.” Ef. 2:19
“Todos los miembros de la iglesia son como un edificio, el cual está construido sobre la enseñanza de los apóstoles y los profetas. En ese edificio Jesucristo es la piedra principal. Es él quien mantiene firme todo el edificio y quien lo hace crecer, para que llegue a formar un templo dedicado al Señor. Por su unión con Jesucristo, ustedes también forman parte de ese edificio, en donde Dios habita por medio de su Espíritu.
Ef. 2:20-22